Cuando la única opción es adaptarse o morir

por | Ago 5, 2021 | Industrias Creativas, Streaming

La industria cultural en todas sus extensiones siempre ha sido reacia a los cambios. Las grandes estructuras que parecen implantadas y que no tienen visos de cambiar prefieren ir a lo que les parece seguro y no escuchar los «cantos de sirena» que trae lo nuevo. Lo mejor parece quedarse anclado en su aparentemente segura realidad.

Abrimos una nueva vía en nuestro blog para contaros algunos casos en los que artistas y nuevos modelos de negocio fueron rechazados por los «triunfadores» en ese momento que no supieron ver el oro que escondían las ideas de esos, a sus ojos, «inconscientes».

Nada mejor que empezar con el paradigmático caso de Netflix y la cadena de videoclubs Blockbuster. Hemos vuelto a recordar esta historia tras leer el interesante libro En mi barquito de cáscara de nuez, las interesantes memorias profesionales de José Iriondo, curtido profesional en los Studios del cine norteamericano (Fox, Universal y Sony) que vivió la evolución de los videoclubs al modelo del VOD y el éxito de las primeras plataformas de streaming por suscripción mensual.

Pongámonos en contexto. A comienzos de los 2000, la cadena de videoclubs Blockbuster dominaba el mercado doméstico. Los alquileres y especialmente las multas por los retrasos de esos, que se ha demostrado que dieron incluso aún más dinero que los propios alquileres, hacían de esta gran franquicia de éxito atronador en Estados Unidos y extensible a medio mundo, una particular gallina de los huevos de oro. Ante la aparición de Netflix, sin espacios físicos donde alquilar las películas, la cadena de videoclubs sí respondió con cierto éxito. Los usuarios de su nuevo servicio podrían alquilar películas tanto en los videoclubs físicos de Blockbuster como en su servicio online. Ante esto, Netflix que veía que su negocio podía empezar a irse a pique decidió reunirse con el máximo responsable de la cadena, John Antioco, que declinó todas las ofertas de colaboración entre ambas empresas, que le hizo Reed Hastings, CEO de Netflix. Comenzaba sin saberlo, el principio del fin del negocio tradicional de alquiler.

En ese momento, una serie de malas decisiones de  una parte de la junta directiva de la cadena de videoclubs hizo que se optase por volver al modelo de videoclub tradicional. Error garrafal, parte de los accionistas ante el descalabro que se veía venir decidieron, eso sí que fue un golpe bajo, vender sus acciones y comprar las de Netflix que se «zamparía» a los videoclubs en cuestión de menos de dos años.

Seguramente, aún con el paso de los años los directivos de Blockbuster se estarán dando cabezazos contra la pared al recordar que tuvieron en su mano la posibilidad de comprar Netflix por 50 millones de dólares a comienzos de los 2000. Eran otros tiempos, cierto, pero el que da primero da dos veces, como se suele decir. 

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