La Quimera del Teatro y la obra una tienda en París

por | Feb 5, 2020 | Actualidad, Las formas de la Creatividad

La Quimera del teatro

Una tienda en París, el espectáculo musical basado en la novela de Máximo Huerta, emprende nueva gira tras su éxito en 2019 en Valencia, Valladolid, Aranjuez, Alicante… En esta ocasión, las primeras paradas serán en Miranda de Ebro (14 de febrero), Burgos (15) y Aranda de Duero (16).

Un proyecto que nace del esfuerzo personal de Guillén Durán junto a su grupo Daltmurada.

Una tienda en París es un musical autóctono con banda en directo hecho desde una pequeña compañía que ha puesto toda la carne en el asador para sacar adelante este espectáculo que también llegará a Badajoz, Cáceres, Mérida y Sevilla entre otras localidades de toda España.

El alma de este proyecto, Guillén Durán, nos cuenta «la quimera del teatro» en un artículo exclusivo para Scenikus, el MarketPlace de los artistas.

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La relación entre inspiración y transpiración

Una famosa frase atribuida a Thomas Edison dice que el genio se hace a base de 1% de inspiración y 99% de transpiración, y me parece bastante acertada, aunque yo la entiendo de esta manera: ese 1%, esa chispa de inspiración casual que en mi caso me llevó del mundo de la música al mundo del teatro apenas duró un parpadeo en comparación con las siguientes horas, semanas, meses y años que vendrían a continuación, todos ellos forjados con grandes dosis de transpiración.

Si ese afortunado momento de inspiración reconvertido en amor duradero no es lo suficientemente profundo y se queda en un rollete de verano apasionado pero frugal, muy posiblemente tu proyecto no llegue a materializarse.

En el caso de que la IDEA (así, en mayúsculas) haya echado raíces, va a ser tu fiel compañera de viaje y será la razón por la que te levantarás por las mañanas, por la que a pesar de la gran cantidad de dificultades que te encontrarás por el camino seguirás mirando impasible hacia el frente y a la que seguirás defendiendo a capa y espada frente a tus escépticos colaboradores con el argumento de que merece la pena que vea la luz.

Durante este trayecto tu musa mutará en diferentes e inesperadas direcciones. La IDEA ya no será la misma, y quizás al final solo queden los retales de ese pantalón que ahora se parece mas a una falda, un esbozo de tu imagen inicial preconcebida, pero al menos será real. Y eso es lo que importa.

escenarios madrid

La utopía de la especialización

Una quimera que he tenido que sufrir en mis carnes es intentar en vano especializarme en una sola área de trabajo.

Simplemente por diversión voy a repasar algunas de las facetas que en algún momento desde que empecé en este proyecto he podido llegar a realizar, por orden de aparición:

-Compositor, letrista, músico, escritor del libreto, director de escena, diseñador de escenarios, utilero, transportista, diseñador de vestuario, diseñador gráfico, jefe de producción, regidor, contable, media manager, road manager, y todo lo que acabe en “manager”…

Este ejercicio de estoicismo/masoquismo no deliberado por fortuna va menguando a medida que avanza la producción, ya que vas conociendo a personas clave que, en su infinita sabiduría teatral, te ayudan a quitarte algunas piedras de tu pesada mochila, y te liberan de tareas que en el fondo sabías que, a pesar de tus buenas intenciones no podrías realizar adecuadamente por tu falta de experiencia.

Así que, al final acabas dedicándote “únicamente” a tus 3 o 4 funciones y delegando (que palabra mas bonita) en pos del buen funcionamiento de tu odisea.

Para mi, el verdadero genio teatral consiste en conseguir reducir al mínimo los imprevistos o, en el peor de los casos, reciclarlos. Un talento que no se enseña, si no que se aprende a fuego lento, con algunas quemaduras por el camino.

En tu cabeza utópica y llena de grillos todo tiene sentido, pero encima de un escenario, el cierre de un zapato de tacón, unas pilas de micrófono a punto de agotarse, el botón de una chaqueta o un tornillo mal puesto son problemas muy serios justo antes del inicio de una representación.

La clase media no existe.

Otra quimera que he descubierto a lo largo de estos años es que en el mundo del arte en general y mas concretamente en el de las artes escénicas no existe lo que nosotros conocemos como la clase media.

Está la clase acomodada, o mejor dicho, lo que yo denomino la clase “posicionada” en el sector, y luego venimos los demás, soldados rasos culturales, que con mayor o menor fortuna intentamos mantenernos a flote en este apasionante pero exigente mundo de la farándula.

Cuando pienso en la reciente gala de los Goya, o en cualquier otra entrega de galardones, y veo a los actores, técnicos, cortometrajistas, etc, ofreciendo (como es lógico) su mejor versión, vestidos con sus mejores galas (propias o alquiladas) y esbozando su mejor sonrisa, no puedo evitar imaginar a la gran mayoría sentados en sus butacas medio ausentes en la entrega de premios mientras se comen la cabeza pensando en cómo narices van a conseguir financiación para su nuevo proyecto, o peor aun, en cómo van a seguir pagando el alquiler, y de que quizás le deberían haber hecho caso en su momento a sus padres y estudiar esa carrera que antes se antojaba aburrida y complicada y que ahora parece la solución mas asequible.

Es un sector complejo, porque no dependes únicamente del talento, o de tus dotes sociales (todas ellas tremendamente útiles a pesar de todo).

La perseverancia es importante, pero mas importante aun es conseguir encontrar vías de financiación que casi siempre llegan tarde o con cuentagotas (o directamente no llegan), mientras sientes el aliento en el cogote de todos los intermediarios en los que has decidido depositar tu confianza, y que a diferencia de ti no trabajan por amor al arte y necesitan pagar sus facturas y hacer la compra.

Olvidas términos como ahorrar o planear vacaciones mientras pierdes la noción del tiempo a tu alrededor.

Tu aniversario se vuelve un incordio porque te recuerda que el tiempo pasa y que tú sigues erre que erre en tus movidas avanzando con la (falsa) sensación de que los metros recorridos parecen centímetros.

El teatro te duele en el bolsillo, te exige, te lleva al límite físico y mental, pero te engancha como ninguna otra disciplina artística es capaz de hacer. Es la vida en directo, expuesta encima de un escenario, y no hay nada comparable a eso.

Al final, la recompensa es seguir vivo. En todos los sentidos.

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